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Peleas de Perros

Las denominadas peleas de perros consisten básicamente en la lucha entre dos (o más de dos) perros, con el fin de ofrecer distracción y disfrute a los espectadores. Este, muchas veces, mal llamado “deporte” es una actividad sangrienta pues los canes se muerden, desgarran, mutilan y agreden hasta que uno de los dos se rinda o caiga al suelo agonizante. Mientras todo esto sucede los espectadores apuestan dinero por su perro preferido. Debido a la naturaleza violenta de ésta actividad, en la que muchas veces los protagonistas pierden la vida, en muchos países estos sucesos son ilegales.

Cría doméstica

Los antepasados de los perros domésticos y de todas las razas, eran los lobos. Estos animales empezaron a ser adiestrados con fines laborales, es decir, se empezaron a domesticar en busca de entrenarlos con el fin de realizar labores diferentes en cada región a la que pertenecieran. Se les entrenó para alcanzar el desarrollo corporal óptimo de acuerdo a las actividades para las cuales eran requeridos.

Al momento de entrenar animales para la lucha el objetivo era formar un perro con una apariencia exterior que impusiese miedo a sus rivales: baja estatura, pesado, ancho, con una quijada que demuestre gran capacidad para morder, ladrido amenazador, además era requisito que se notara su gran musculatura y cabeza grande. No obstante, el físico no era lo único que importaba, pues tenían un requisito sicológico, un carácter temperamental. La meta es criar un perro susceptible a ataques a otros animales. Así es pues, que los canes con gran sentido de protección hacia los seres humanos y con capacidad para luchar con otros animales, pueden ser usados para las peleas de perros.

Historia

De las peleas de perros se tiene documentación histórica de muchas y diferentes culturas, en las cuales se presume que existen desde el comienzo de la domesticación. Los historiadores especulan que la migración humana a gran escala, el desarrollo del comercio y los regalos que se acostumbraban entre las cortes reales de perros valiosos que luchaban, facilitaron la extensión de estas prácticas.

Sabemos que los deportes sangrientos que incluyen enfrentamientos entre animales han ocurrido desde la antigüedad, los más famosos y conocidos fueron en el Coliseo Romano, durante el Imperio Romano. Y desde allí hasta nuestros días vemos como se siguen practicando, legal e ilegalmente.

Razas modernas

A medida que pasó el tiempo el hombre realizó muchas selecciones para llevar a cabo posteriores cruces entre los perros, dando lugar a la aparición de nuevas razas que fueron a su vez cruzadas con otras para obtener animales aptos para lucha. Las razas puras como la Bull Terrier Inglés y el Staffordshire Bull Terrier eran populares como perros para la lucha, pero pronto pasaron a ser perros de cebo. Otras razas puras incluyendo el Irish terrier, el Bulldog, Kerry Blue Terrier y el Parson Russell Terrier fueron utilizadas para el control de animales y para diversos trabajos de una granja.

Bull Terrier Inglés
Staffordshire Bull Terrier
Irish Terrier
Bulldog
Kerry Blue Terrier
Parson Rusell Terrier

 

Actualmente los criadores que desean que estas razas se tengan como animales de compañía han tenido que luchar contra el estigma social que reza que cualquier perro utilizado para peleas es agresivo por naturaleza.

Impacto en la sociedad actual

Ahora en pleno siglo XXI la práctica de ésta actividad se ha convertido en una actividad ilegal y rechazada en la mayoría de ciudades y países alrededor del mundo. Las razones para dicho rechazo van desde la salud pública hasta el bienestar animales y se castigan como una falta leve (pago de una multa) o falta grave (delito de cárcel). También en ciertos países ya existen leyes que regulan el entrenamiento de perros para hacerlos agresivos pues se han documentado varios casos de ataques, siendo las víctimas principalmente niños y personas mayores. Debido a su entrenamiento estos animales no controlan su agresividad y atacan directa y rápidamente al cuello y a las extremidades. Cuando suceden estos casos la policía suele tomar muestras de sangre del interior de la boca del animal para demostrar si pertenece o no a la víctima y así corroborar el ataque, pues posiblemente los dueños pasen a disposición judicial.

A pesar de las leyes, la ilegalidad ha sido la reina en muchos países y ciudades. Durante muchos años las peleas de perros fueron ignoradas en muchos de estos lugares por las autoridades que no se preocuparon por detenerlas hasta que descubrieron la relación directa que tenían con otro tipo de actividades criminales y violentas. Las más típicas según las estadísticas incluyen matanzas, chantajes o distribución de droga. Y al igual que en otras empresas criminales, las actividades ilegales se convierten en una parte malsana de la cultura de cada zona. Incluso las autoridades se han mostrado aterradas por las atrocidades que encuentran antes, durante y después del combate, reconociendo además la mala influencia que son para la población infantil pues por su culto a la violencia los niños pueden llegar a pensar que esta es la forma de hacer las cosas y que la violencia es algo que se debe perpetuar.

Las mafias asociadas a las peleas de perros en todos los países nacen principalmente porque ésta es una actividad que mueve mucho dinero al margen de la contribución de las arcas estatales. Según las estadísticas el dinero que se recauda por cada pelea alcanza cifras muy altas; en Europa, y dependiendo de la experiencia y “hoja de vida” de los perros contendores, la apuesta mínima es de 50 euros y el premio mayor puede llegar, como mínimo, a 500 euros por pelea/perro. Por el motivo económico, las peleas de perros son consideradas como una falta cuyo castigo es una multa que debe pagarse al Estado. Sin embargo, por el maltrato animal y las consecuencias sociales, organizaciones de protección y liberación animal han solicitado desde hace algunos años que se señale como delito, lo que supondría penas carcelarias, además de multas y/o trabajos comunitarios para los que sean detenidos por estar involucrados en éste tipo de ilícitos.

En países como España, Francia e Italia el negocio clandestino de las peleas de perros mueve millones de euros, al igual que en Latinoamérica. Y principalmente en América Latina se ha visto asociada ésta actividad al tráfico de animales (exóticos y domésticos) y se sabe que 6 de cada 10 veces que apresan a una banda clandestina, ésta tiene en su poder además de otros perros, gallos de pelea, armas y drogas.

Razas preferidas y entrenamiento

Actualmente los perros preferidos para éste tipo de actividades son los llamados perros de ataque: pitbulls terrier, Staffordshire bull terrier, American Staffordshire Terrier, Dogo argentino, Fila brasilero, Tosa inu, Akita inu y Rottweiler. Fueron escogidos para éste fin pues por sus características fisio-morfológicas son fuertes, musculosos y atléticos; se le suma que su mordida bloquea la mandíbula y así no suelta a su presa, características que los hacen ideales para pelear a muerte con otros perros. Mediante un entrenamiento duro, sangriento y exhaustivo, cuyo objetivo es desarrollar al máximo un carácter agresivo en el animal, se logra que este pueda atacar a cualquier otro ser vivo que se le acerque y es de éste modo que los animales se convierten en maquinas de hacer dinero para sus inescrupulosos dueños. El entrenamiento en sí tiene unas bases que giran alrededor de fortalecimiento físico y debilitamiento emocional, forzándolo a vivir situación de extremo estrés y fracaso, para luego reforzarlo “positivamente” a través del enfrentamiento con otros animales de menor tamaño (los llamados cebos) o de mayor tamaño (de su misma raya, tamaño y peso) para que aprenda a sufrir. Se han documentando casos en los cuales los perros son torturados y drogados para que su ferocidad aumente y así conseguir un gladiador potente.

Pittbull Terrier
American Staffordshire Terrier
Dogo Argentino
Fila Brasilero
Tosa Inu
Akita Inu
Rottweiler

 

Las peleas en sí, la mayoría de las veces, se ven abanderadas con el lema de Matar o Morir, por lo cual la vida de estos perros no dura más allá de 4 o 5 peleas. Si sobrevive a éstas termina sus días en las calles, abandonado porque está maltratado o herido. Estas víctimas del sadismo humano nunca han recibido cariño, por lo que su socialización a veces es muy difícil (más no imposible). Por estos motivos, en los albergues y protectoras de animales, es cada vez más grande y alarmante la cantidad de estos animales.

El caso de Michael Vick

A principio del año 2007 la policía hizo un allanamiento a la casa de éste importante jugador de futbol americano, pues se presumía que allí escondía drogas. Lo que encontraron fue 66 perros, incluyendo 55 pit bulls y material usado típicamente en las peleas de perros. Como es natural, esto causo gran revuelo, porque además de saber que ésta es una actividad ilegal y cruel, el protagonista es un jugador muy famoso que tiene el mejor puesto en el equipo de los “Atlanta Falcons”; para hacernos una idea el último contrato que había firmado hasta ese momento era de 130 millones de dólares por 10 años. Así las cosas, se supo que éste señor fue encarcelado por cargos de MALTRATO ANIMAL. Luego de esto se encontró un criadero de su propiedad llamado “Bad Newz Kennels” que era proveedor de perros de pelea y que éste “ejemplar” deportista estaba total y absolutamente involucrado en el sangriento negocio. Tras ser condenado y encarcelado, hoy (año 2009) busca limpiar su imagen.

Desde que todo esto se dio a conocer a la luz pública, la Humane Society de EEUU (HSUS) estuvo constantemente tras las autoridades judiciales y policiales para asegurar una pena ejemplar en contra de Vick, considerado hasta ese entonces un héroe para los niños y jóvenes seguidores de su equipo. Dentro de las primeras acciones que llevó a cabo la HSUS fue contactar con la National Football League (NFL) para que se llevara a cabo la suspensión del jugador, a cuyo pedido la entidad respondió positivamente, suspendiéndolo de modo indefinido, anunciando que además adelantaría una investigación interna por los cargos de peleas de perros. Luego de esto la HSUS se puso en contacto con los auspiciadores del deportista, para pedirles la suspensión de los contratos argumento mala propaganda para la marca. Como ejemplo de la buena respuesta fue la reacción de Nike que declaró haber "suspendido el contrato de Michael Vick sin pagos, y no se enviarán más productos de esta línea a sus proveedores".

Luego de algunos meses de investigación se reveló, no sólo la existencia hace 5 años de una red interestatal de peleas de perros, sino también evidencia de tráfico de drogas y apuestas ilegales. Partiendo de estos, el jugador fue declarado culpable de los cargos por maltrato animal que hasta ese momento era considerado “delito menor”, pero que desde ahí, y gracias a la presión de organizaciones animalistas y la opinión pública, pasó a considerarse delito grave.

En el juicio este sujeto confesó haber pagado de su bolsillo dinero para muchas operaciones de la red y haber participado en peleas en diferentes estados; además de matar él mismo, mediante electrocución o mazazos a los perros que no tenían un “buen comportamiento en la pelea”. Frente a estos hechos y macabras confesiones, Vick fue condenado a reclusión en la cárcel federal (3 años, reducible por buena conducta) y una multa de 2.500 dólares. Así mismo, debió costear aproximadamente un millón de dólares para el cuidado y rehabilitación de algunos de los perros encontrados en su domicilio el día de su arresto.

Michael Vick recobró su libertad el 20 de Marzo de 2009. La HSUS, en un esfuerzo por educar y reeducar a la población y sensibilizar sobre la epidemia de violencia asociada a peleas de perros, ha buscado el apoyo de Vick para un programa de reinserción comunitaria en el que su testimonio sería el eje para llegar a los jóvenes y hacerles reflexionar sobre lo que hizo, lo que tuvo que pagar y cómo convivir de manera no violenta con los animales.

Es de anotar que tanto en Estados Unidos como en otros países, mucha gente joven alentada por pandillas a las que pertenecen, cultura rap u otras celebridades, ven con buenos ojos la tenencia de perros con fines de y la subcultura de pelearlos para alcanzar un status económico y social. Por eso, la HSUS considera el testimonio de una ex-estrella convicta como un excelente medio para educar a los jóvenes y sensibilizar a la sociedad del drama y la violencia que traen consigo la no penalización y la desinformación respecto a las consecuencias éticas, sociales, sicológicas que significan las peleas de perros.

¿Son éstas razas naturalmente agresivas?

La respuesta es NO, estos perros no son naturalmente agresivos. Lo que debemos preguntarnos es qué lleva a una persona mentalmente sana a cometer actos atroces en contra de otros seres vivos que, además, no le deben nada ni hicieron nada para merecer lo que reciben. Todos sabemos que durante décadas la sociedad ha trabajo para establecer códigos de ética, moral, reglas humanitarias, un sinfín de cosas que lo que hacen es enseñarnos que debemos respetar, valorar y cuidar cualquier forma de vida. Partiendo de esto sabemos que no es necesario ser un genio para entender que los animales merecen respeto, cuidado y compasión y mucho menos se necesita ser un genio para comprender que está mal matar o torturar, mucho menos si es por simple diversión.

Son decenas de debates los que se han formulado en torno al carácter de perros como los Pitbull, Rottweiler, Akita o Doberman; se ha visto el esfuerzo de muchos expertos por hacer entender a la comunidad que los perros, todos los perros, son animales que han renunciado a la naturaleza para compartir su vida al lado del hombre, con lealtad, docilidad y fidelidad. Es primordial entender que por el hecho de conocer el caso de un Rotwailer agresivo, eso no quiere decir que todos los Rotwailer lo sean. Lo mismo pasa con la raza humana, por un violador no todos son violadores.

Hay que educar para hacer entender que la agresividad de los perros está en directa relación con el entorno en el que se desenvuelvan, su entrenamiento y el maltrato al que hayan sido sometidos. Los animales son inteligentes pero no tienen capacidad de discernimiento para decidir si lo que les enseñan está mal o está bien, lo que hacen estos animales es simplemente obedecer a unas instrucciones pues es bien sabido que los perros son felices complaciendo a su amo, si yo lo entreno para atacar, el atacará. Y la culpa no será precisamente del animal. Los perros no vinieron al mundo para agredir a sus semejantes o a otros seres vivos, esa no es su misión y nada en ellos está predeterminado a ésta actitud, por eso somos reiterativos: los perros agresivos no nacieron agresivos, sin importar su raza, ninguno nace agresivo. Los trastornos en sus personalidades son culpa de los humanos.

Sicológicamente hablando, los expertos afirman que el perfil de los dueños y/o entrenadores de perros de pelea corresponde a personas sicopáticas, con complejos de inferioridad, lo que los impulsa a proyectarse como un ser fuerte y temible para su perro, que no tiene otro remedio diferente a doblegarse y obedecer. Por parte de los asistentes a las peleas se podría decir que son en su mayoría hombres, entre adolescentes y adultos, cuyo gusto por ver derramar sangre ajena denotaría variados trastornos de personalidad, que asisten a eventos para reforzar su virilidad y masculinidad, disminuida por diversos motivos a lo largo de su vida. Cabe anotar también, que la avaricia también los puede impulsar al apoyo de estos enfermizos espectáculos.

Así las cosas, está claro que las peleas de perros no son eventos naturales, son circunstancias en las que personas desequilibradas mentalmente, presionan, estresan, maltratan y someten a situaciones violentas a sus perros, convirtiéndolos desde el punto de vista conductual, de seres fieles y amorosos en máquinas de matar.

Sin amarillismo ni sensacionalismo, sino con razones y propuestas, debemos todos presionar de manera tajante a las autoridades en nuestras ciudades y países para que éstas prácticas crueles y aberrantes se condenen como delito, se censuren como enfermedad mental y se tachen como inconcebibles e inhumanas.

Bibliografía

http://geishas.lacoctelera.net/post/2007/09/14/las-peleas-perros-segun-gypsy

http://adopcionsanfrancisco.org/?p=404

http://www.uruguayinforme.com/news/31082007/31082007_rimbaud.php

http://ecosofia.org/2006/04/peleas_perros_ilegal_cruel_dogfights

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