Vestir pieles es inmoral

Los placeres y los días

Francisco Umbral
Fuente: Periódico El Mundo España. Martes, 7 de diciembre de 1999

Muy oportunamente, cuando llegan estas fechas tan cristianas de los grandes regalos paganos, los movimientos ecologistas se han manifestado en Madrid y Barcelona contra la industria de las pieles, que utiliza y sacrifica especialmente visones, zorros y nutrias para fabricar abrigos y prendas que, encima, les quedan a las señoras bastante mal, tipo oso polar teñido.

Nada justifica el sufrimiento de un animal, de un solo visón, pequeño y milagroso. Nada justifica la guerra comercial y sangrienta contra estos animales y otros muchos, como las horrendas cacerías de focas, que tienen algo de holocausto nazi a palos. Ni siquiera la implacabilidad del capitalismo y la moda explica la necesidad de agredir criminalmente a la naturaleza. La mujer, si es mona, queda igual de mona, o mucho más, con un abriguito de lana o sin abriguito, que luce más la pelvis de Orce. La mujer, si es fócida, o sea de la familia de los fócidos, o sea foca, da igual que se ponga un zorro sangrante que un mantón de Manila con espejitos. No va a pillar nada, salvo un catarro. Bueno, pues en nombre de las fócidas, que son las que abundan y las que siempre pillan pasta para pagarse estas cosas, se sacrifican anualmente miles y miles de focas para abrigos, a mayor gloria de la fócida y sus desperdiciadas vanidades, porque nadie la admira ni apenas la mira. Pero hay una industria, hay un comercio, hay un consumo. Hay un montaje internacional de pieles, como de tantas cosas, que necesita mantener en las fócidas la ilusión secundaria de su dinero y su poder. De ahí que a los zorros les saquen la piel a tiras, de ahí que a los visones los sometan a un Dachau impío, de ahí que a las nutrias las persigan como si fueran percantas, choricillas o putas de sedalina.

El amor y el respeto a las especies (causa en la que murió Carmen Díez de Rivera, siempre bella en sus vaqueros) es una de las escasas banderas que ha levantado nuestro siglo, mayormente en los ultimos años, porque eso sí que es una fórmula válida de fe en la Creación, de culto por la vida, de hermandad con los ingenuos, sabios y milagrosos animales, que son siempre más nobles, en solitario y en manada, que el hombre con su pecado original (nada original), que consiste en matar para enriquecerse o enriquecerse para matar mejor. Algunas mañanas viene en el periódico, mojado de hierba, alguna cría de caracol, mera babosilla, que se orienta y escucha y me mira o me comunica con sus antenas retractiles, mientras la tengo entre el vello de mi mano y dialogo con ella, hasta que la devuelvo a una hoja verde o a su hierba natural. No sería uno capaz de echar a la basura a ese ser mínimo y vivísimo, y eso que a los niños de posguerra no nos daban la educación sentimental del amor y la amistad con los bichos.

Pero el caso de los visones es político, como todo a fin de cuentas, y no es verdad que el Gobierno tome medidas para proteger el medio ambiente. Mi amiga Isabel Tocino ya ha probado que ese ministerio/menester no es el suyo.

Toda la ternura de la navidad consiste en despellejar a un bellísimo zorro volteriano para que la fócida vaya caliente y ríase la gente.

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